Mi querida Miquita
- PERDIDA EN EL TIEMPO
- 8 mar 2024
- 5 Min. de lectura
¡Bienvenidos, amigos y amigas, a una nueva entrega de nuestro querido blog "Perdida en el Tiempo"! Hoy nos sumergiremos en las fascinantes genialidades de La Perricholi, una figura tan cautivadora como enigmática de la Lima virreinal, digna representante de la Mujer peruana . Así que prepárense para una dosis de historia, romance y aventura, ¡todo en un paquete bien condimentado con un toque de humor!

Micaela Villegas, conocida por su sobrenombre La Perricholi, fue mucho más que una simple actriz. Nacida en la ciudad de Los Caballeros de León de Huánuco en 1739,( existe una versión que asegura que nació en Lima), esta mujer de origen humilde pronto conquistó el corazón de Lima con su encanto y talento en el escenario. Dotada de una imaginación ardiente y una memoria prodigiosa, Miquita, como cariñosamente la llamaban, deslumbraba al público con su recitación de romances caballerescos y su destreza en el arpa y la guitarra.
Aunque no encajaba en los estándares de belleza convencionales, La Perricholi irradiaba gracia y encanto. Su personalidad vivaz y sus movimientos llenos de vivacidad conquistaban a cualquiera que tuviera el placer de presenciar su actuación. Y no olvidemos su elegancia en el vestir y su refinado gusto, que la convertían en un verdadero ícono de estilo en la Lima de aquel entonces.

Pero lo más intrigante de todo era su relación con el virrey Manuel de Amat, quien cayó rendido a sus pies desde el momento en que la vio en el teatro. A pesar de la murmuración de la aristocracia limeña, que veía con malos ojos la relación entre un hombre de sesenta años y una joven actriz, Amat y La Perricholi vivieron un apasionado romance que escandalizó a toda la ciudad.
La historia alcanzó su punto álgido en una fatídica noche en el teatro, cuando un comentario desafortunado de un actor provocó la ira de La Perricholi, quien no dudó en responder con un chicotillazo en pleno escenario. El público enfurecido exigió su encarcelamiento, y el virrey, avergonzado, decidió poner fin a su relación con la actriz.

Pero como en toda buena historia, el amor triunfó sobre la adversidad, en medio de este torbellino de emociones, Micaela y Amat recibieron una bendición inesperada: un hijo. Su pequeño Manuel Amat y Villegas, fruto de su amor prohibido, se convirtió en el símbolo de su unión y en el motivo de su lucha por un futuro juntos. y tras meses de separación, Amat y La Perricholi se reconciliaron, para deleite de sus seguidores. La actriz regresó al escenario con una ovación aún más estruendosa que antes, demostrando una vez más su indiscutible talento y carisma.
Pero La Perricholi no solo fue una estrella del teatro; también demostró ser una empresaria astuta y visionaria. Aprovechando su fama y su relación con el virrey, incursionó en el mundo de los negocios, llego a tener el molino más prospero de lima y en consecuencia la molienda de trigo y el comercio de harina de la capital del virreinato, así mismo incursiono en la producción teatral siendo una gran administradora y productora de obras teatrales, acumulando una considerable fortuna que le permitió vivir con comodidad el resto de sus días.

Al retirarse Amat para España, donde a la edad de ochenta años contrajo en Cataluña matrimonio con una de sus sobrinas, la Perricholi se despidió para siempre del teatro, y vistiendo el hábito de las carmelitas se retiró a una vida de austeridad y devoción, hizo olvidar, con la austeridad de su vida y costumbres, los escándalos de su juventud. «Sus tesoros los consagró al socorro de los desventurados, y cuando -dice Radiguet- cubierta de las bendiciones de los pobres, cuya miseria aliviara con generosa mano, murió en 1812 en la casa de la Alameda Vieja, la acompañó el sentimiento unánime y dejó gratos recuerdos al pueblo limeño»
Su generosidad y bondad fueron recordadas por el pueblo limeño mucho después de su muerte en 1812. Tal era su entrega a Dios y a los mas desventurados, que antes de morir pidió no ser sepultada dentro del monasterio de los descalzos por sentirse indigna, solo pido si era concedida una gracias por el perdón de sus pecados ser enterradas en el ingreso de dicho claustro sin ninguna seña que designara su tumba, lo cual fue hecho según su solicitud.
A continuación queridos lectores compartimos con ustedes un manuscrito encontrada en los archivos de la Biblioteca Nacional de Lima por nuestro querido tradicionista don Ricardo Palma, el cual era un tipo de pasquín que circulo por la lima de aquellos tiempos del Virrey Amat y nuestra querida Miquita en donde el autor anónimo por cierto narra en verso el amor, pasión y desventuras de estas dos almas enamoradas y separadas por el destino.
Lamentos y suspiros de la «Perricholi» por la ausencia de su amante el señor don Manuel de Amat a los reinos de España

Ya murió la esperanza de mis deseos, pues se ausentan las luces del mejor Febo. Ya no logran las tablas cadencia y metro, pues el compás les falta a los conciertos. Mi voz está perdida y sin aliento; mas ¿qué mucho si el alma le falta al pecho? Estatua seré fría o mármol yerto, sin que Amor en mí labre aras ni templos.
Lloren las ninfas todas del coliseo, que Apolo se retira de los festejos; aquel grande caudillo del galanteo, que al dios de los amores ofrece inciensos. Mirad si con justicia yo me lamento, que tutelar no tienen ya nuestros huertos. No gozarán las flores verdes recreos, por faltar el cultivo del jardinero.
¡Ay! Yo fijé la rueda de sus afectos, y otras fueron pavesas de sus incendios. Ya no habrá Miraflores ni más paseos, en que Júpiter quiso ser mi escudero. Mas ¡ay de mí! infelice que hago recuerdo de glorias que han pasado a ser tormento. Negras sombras rodean mis pensamientos, cual cometa que anuncia tristes sucesos.
¡Oh fortuna inconstante! Ya considero que mi suerte se vuelve al ser primero. Aunque injurias me causen crudos los tiempos, mi fineza y cariño serán eternos. Mi carroza luciente que fue su obsequio, sirva al dolor de tumba, de mausoleo. Pero en tan honda pena, para consuelo me queda un cupidillo, vivo y travieso.
Es su imagen, su imagen, y según veo, original parece, aunque pequeño. Hijo de mis amores, Adonis bello, llora tanta desgracia, llora y lloremos. Si es preciso que sufras golpe tan fiero, mis ojos serán mares, mis quejas remos. Navega, pues, navega, mi dulce dueño, y Tetis te acompañe con mis lamentos.
Y así concluye nuestra aventura en el fascinante mundo de La Perricholi, una mujer adelantada a su época que desafió las convenciones sociales y dejó un legado imborrable en la historia de Lima. Espero que hayan disfrutado tanto como yo de esta increíble historia, ¡y los invito a quedarse atentos a mis próximas publicaciones!
¡Hasta la próxima, amigos! ¡Y no se olviden de seguirme en "Perdida en el Tiempo" para más historias fascinantes del pasado! ¡Sigamos buscando la igualdad de derechos y oportunidades para todas las mujeres! ¡Feliz día!
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