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Carnavales Virreinales: Un Festín Popular de Alegría y Tradición


Queridos lectores, sumérjanse conmigo en la vibrante época de los carnavales en la Lima virreinal, donde la celebración trascendía los lujosos salones de la aristocracia para llegar a las calles, al corazón del pueblo. ¡Acompáñenme en este capítulo lleno de alegría y tradición!






¡El carnaval en Lima: Una historia de risas y máscaras!



¡Ah, el carnaval en Lima! ¿Cuándo empezó esta fiesta tan pintoresca? Aunque no contamos con un tratado sobre el tema, gracias a los antiguos libros del cabildo limeño, sabemos que ya en 1544 se armaba el alboroto con la fiesta del domingo de Cuasimodo. ¡Y vaya fiesta! Los negros salían a las calles pintados y con máscaras de diablos, danzando y haciendo alarde de su creatividad con representaciones coloridas. ¿Qué mejor manera de cerrar la Cuaresma que con esta explosión de alegría?

Según el erudito Juan Carlos Estenssoro, esta fiesta tenía un simbolismo profundo: el carnaval resucitaba por un solo día, ¡como un ave fénix festivo, para demostrar que no había muerto y que volvería al año siguiente! Así que, si en 1544 ya se armaba el jaleo en Lima con el domingo de Cuasimodo, es probable que el carnaval también estuviera en pleno apogeo, al menos entre los españoles y su pandilla.

Y ¿qué decir del siglo XVII? Según los diarios de Juan Antonio Suardo y Josephe de Mugaburu, ¡el carnaval era la sensación en ese entonces! En una entrada del Diario de Lima de Suardo, fechada en febrero de 1630, se registra lo siguiente: “A 12, día de carnestolendas [carnavales], por la tarde hubo mucha carrera por las calles principales desta ciudad”. ¡Imagina el jaleo y la algarabía!

Con el paso del tiempo, el carnaval fue evolucionando, ¡y vaya que sí! El juego con agua y harina, las mojigangas, los papahuevos, los gigantes, los disfraces, las escenificaciones, los carros alegóricos, las danzas, los bailes, el vino, el licor y los banquetes hicieron del carnaval una fiesta nacional. ¡Y así continúa la tradición hasta nuestros días, sobre todo en el interior del país!




Los tiempos de la corona: Una mirada adicional al carnaval virreinal





¡Imagina un tiempo donde las risas reinaban y las máscaras escondían secretos! En los días del virreinato, los carnavales eran mucho más que simples festividades; eran auténticos escenarios de sátira y parodia. Desde las altas autoridades hasta los más humildes esclavos, todos encontraban su momento para brillar entre disfraces, travesuras y el ño carnavalon.

Según cuentan las crónicas de Rosa María Acosta en "Fiestas coloniales urbanas (Lima-Cuzco-Potosí)", tras las risas y los bailes, los carnavales se convertían en campos de batalla improvisados, donde incluso los más encumbrados españoles y los orgullosos indígenas podían encontrarse "tirados en el suelo" al día siguiente, resolviendo sus diferencias con más risas que espadas.

Aunque en teoría, los carnavales podían ser considerados como un entretenimiento de las clases bajas, ¡nada más lejos de la realidad! Incluso el distinguido clero se unía a la algarabía, demostrando que todos éramos iguales bajo las máscaras y el brillo del confeti.

Pero aquí no termina la historia. ¡No, no! Porque los carnavales no eran solo cosa de españoles e indígenas. Los negros, quienes constituían una gran parte de la población limeña a finales del siglo XVIII, tomaron el carnaval importado de España y lo transformaron en una explosión de ritmo y color. Con sus bailes y máscaras, le dieron un toque festivo único, dejando una huella imborrable en la historia del carnaval virreinal.

¡Así que brindemos por esos tiempos donde las risas eran la moneda de cambio y las máscaras escondían más de lo que revelaban! ¡Que viva el carnaval virreinal!






Carnavales en las Calles de Lima: 






A diferencia de las suntuosas mascaradas de la alta sociedad, los carnavales en las calles de Lima eran un festín popular que acogía a todos, desde nobles hasta ciudadanos comunes. Las calles se llenaban de coloridos atuendos, risas contagiosas y la energía vibrante de la celebración.






Desfile de Comparsas y Máscaras:





El pueblo se sumergía en la festividad con desfiles de comparsas y máscaras que recorrían las calles adoquinadas. Desde bufones a personajes mitológicos, la creatividad se desataba en un despliegue de color y fantasía. La música de tambores , panderetas, cornetines, flautas y demás instrumentos de la época acompañaba cada paso, creando una sinfonía de algarabía.



Sabores Carnavalescos:






Los puestos de comida callejera se alineaban, ofreciendo delicias típicas de la época. Antojitos dulces y salados deleitaban los paladares, convirtiendo los carnavales en una experiencia sensorial completa. Las picanteras hacían "su agosto" y las vianderas atraían a sus comensales con sus pregones, la calle era tomada por todos estos vendedores de sabores, olores y mixturas en donde la picaronera y la anticuchera reinaban .




El Carnaval como Expresión Popular:





Estos eventos no solo eran una pausa en la rutina, sino también una expresión del espíritu festivo y comunitario. Los ciudadanos de a pie encontraban en los carnavales un espacio para la conexión, la alegría compartida y la celebración de la vida.

Así, en las calles de Lima, los carnavales virreinales se convertían en una manifestación auténtica de la identidad y la alegría del pueblo. ¡Permanezcan atentos, queridos lectores, porque la historia sigue desvelándose en "Perdida en el Tiempo"!


 
 
 

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